FIREPOCTEP+

Goián, 31 de mayo de 2025 – El Auditorio de Goián acogió la jornada “Las comunidades de montes frente a los grandes incendios forestales”, un encuentro transfronterizo organizado por la Mancomunidad de Montes Vecinales del Bajo Miño y el proyecto FIREPOCTEP+.

El evento, inaugurado por la alcaldesa de Tomiño, Sandra González Álvarez, reunió a expertos, investigadores y representantes de comunidades de montes para abordar estrategias coordinadas de prevención y gestión del fuego en un contexto de cambio climático y despoblamiento rural.

Juan Picos, coordinador de FIREPOCTEP+, destacó que el proyecto tiene como objetivo innovar en la prevención de incendios forestales en la región transfronteriza entre España y Portugal conocida como “A Raia”. Cofinanciado por la Unión Europea a través del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), dentro del Programa de Cooperación Transfronteriza Interreg VI-A España–Portugal 2021–2027 (POCTEP), el proyecto está liderado por la Universidad de Vigo, comenzó en 2024 y cuenta con 15 entidades beneficiarias de ambos países, además de las Direcciones Generales competentes en incendios forestales de Andalucía, Extremadura y Galicia como entidades asociadas.

Manuel Rodríguez, director general de Defensa del Monte de la Consellería del Medio Rural, advirtió sobre el cambio reciente en la tipología de incendios forestales en Galicia, cada vez más “incendios de territorio”. Aunque el número de focos se ha reducido significativamente respecto a los años 90 y la superficie anual quemada también se mantiene en niveles inferiores, los grandes incendios forestales (GIF) representan un porcentaje creciente de esa superficie. Esta tendencia también se observa en otras regiones del mundo.

Rodríguez señaló que más del 70 % de los incendios en Galicia afectan a superficies pequeñas (menos de 1 hectárea), pero menos del 2 % de los fuegos —los que superan las 25 hectáreas— concentran la mayor parte de la superficie quemada cada año. “La lógica de los datos nos obliga a actuar con anticipación y estrategia”, subrayó. Además de los patrones tradicionales asociados al viento del nordeste, en la última década y media han surgido fenómenos vinculados al viento sur, como el huracán Ofelia (2017) o los incendios convectivos de julio de 2022. También destacó la creciente vulnerabilidad de las zonas de interfaz urbano-forestal, donde la presión urbanística, la cercanía de las viviendas al monte y el abandono de los usos tradicionales del territorio conforman un cóctel de alto riesgo.

Frente a esta realidad, desde la Dirección General se están impulsando cambios significativos en la prevención, con un enfoque más estratégico, mayor formación especializada —especialmente en grandes incendios— y la creación de equipos especializados. También se subrayó el uso de herramientas tecnológicas como el sistema Xeocode, que mejora el análisis y la respuesta operativa. Rodríguez enfatizó la necesidad de reforzar los instrumentos de planificación, especialmente los Planes Municipales de Actuación contra incendios (PAM), obligatorios para los municipios con riesgo alto o muy alto según el PLADIGA (Plan de Prevención y Defensa contra Incendios Forestales de Galicia).

Finalmente, hizo un llamado a mejorar la colaboración entre administraciones y comunidades locales para reforzar la capacidad de respuesta y avanzar hacia una Galicia más resiliente frente a los incendios del futuro.

Laura Alonso Martínez, investigadora de la Universidad de Vigo actualmente en el Laboratorio de Incendios Forestales de la Universidad de Trás-os-Montes e Alto Douro (Portugal), presentó los resultados de un estudio de simulación de incendios en el Bajo Miño, que permite definir áreas estratégicas para la gestión preventiva. Su análisis facilita una toma de decisiones objetiva, permitiendo priorizar zonas de actuación a diferentes niveles territoriales. Se destacó la necesidad de seguir trabajando a escala detallada, desde el nivel comarcal hasta el nivel de monte o parcela. El cruce de los resultados con elementos estratégicos del territorio (infraestructuras críticas, elementos arqueológicos, líneas eléctricas, áreas prioritarias de conservación o rodales preferentes) ayuda a identificar sinergias y optimizar la planificación. La priorización según la acumulación de caminos del fuego y la presencia de infraestructuras clave mejora la eficacia de las intervenciones. También se subrayó la importancia de actualizar los mapas de modelos de combustibles para afinar las simulaciones.

Desde la Misión Biológica de Galicia (CSIC), el investigador Adrián Regos expuso los resultados del proyecto FirESmart, basado en modelos de planificación territorial para reducir la superficie quemada y garantizar la conservación de la biodiversidad. Señaló que el abandono rural da lugar a paisajes cerrados y densos, altamente propensos a incendios intensos y extensos que pueden dañar gravemente los ecosistemas y poner en riesgo los servicios ecosistémicos. La implementación efectiva de las nuevas políticas agroforestales de la UE, como la PAC verde, puede fomentar la biodiversidad y al mismo tiempo ofrecer oportunidades para controlar el fuego. El uso del fuego podría ser útil como herramienta dentro de estrategias climáticamente inteligentes en áreas montañosas abandonadas y vulnerables del sur de Europa. También abogó por rediseñar el régimen de protección de las Reservas de la Biosfera, ampliando significativamente sus áreas núcleo y promoviendo el uso sostenible de las tierras no protegidas. En definitiva, pidió una gestión holística e integrada del fuego, la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, clave para enfrentar con éxito el reto social de los incendios extremos y garantizar los objetivos de conservación.

En su intervención, Xose Ántón Fernández, representante de Montes de Vigo, relató la experiencia de 13 comunidades periurbanas que gestionan conjuntamente 1.600 hectáreas. Recordó el gran incendio de 2017 que arrasó un tercio de los montes vecinales —pulmones verdes de Vigo— y destruyó en siete horas más de 30 años de trabajo comunitario. Propuso una estrategia local basada en tres ejes: áreas de defensa, el Anillo Verde de biomasa y agrupaciones forestales, y denunció la falta de apoyo y coordinación entre administraciones para implementar estos cambios estratégicos. Afirmó que, sin una mayor coordinación entre las comunidades de montes para actuar como interlocutores válidos ante la administración, será muy difícil conseguir los recursos necesarios para una estrategia eficaz contra los grandes incendios. Por ello, consideró que las mancomunidades de montes deben asumir el liderazgo de este proceso, articulando una respuesta conjunta, organizada y representativa del territorio forestal, en la que la elaboración del Plan de Distrito XVIII podría ser una oportunidad clave.

La mesa redonda final, moderada por Luís Pardo, contó con la participación de Florencio Sobrino (O Rosal), Javier Veloso (Randufe – Tui) y el propio Fernández. Los tres coincidieron en la importancia de que las comunidades de montes lideren el diseño y la aplicación de políticas contra incendios, con un enfoque basado en el territorio, la experiencia comunitaria y el conocimiento técnico.

La jornada concluyó con un mensaje claro: “No basta con prevenir los incendios del próximo verano; hay que prevenir los grandes fuegos de la próxima década.” Las comunidades de montes reclaman ser parte activa de las soluciones para construir territorios más resilientes frente al fuego.